Cristóbal Colón poco después de su segundo desembarco en el Nuevo Mundo, en la Isla de Cuba, descubre a una raza de indios, que animadamente fumaban hojas de tabaco rústicamente torcidas a las que denominaban "Cohibas", pero que más tarde conoceríamos como habanos en el año de 1492.

Cinco siglos después, fumar Habanos y cigarrillos cubanos es reconocido universalmente como una forma superior de placer y bienestar. Durante muchos años, no han sido pocos los intentos de imitar la delicadeza y el sabor del tabaco cultivado en Cuba, pero nadie lo ha logrado.

 

¿Qué es lo que hace entonces al tabaco cubano algo tan especial?

Muchísimas cosas. Una combinación única de sol, suelo y sabiduría; una atención infinita a los detalles; un rígido control de calidad; la negativa de hacer de prisa o de abandonar tradiciones; pero sobre todas las cosas, la gran riqueza de destreza humana en cada uno de los muchos pasos que contempla el cuidado de la planta de tabaco y su final conversión en un excelso cigarrillo, el tabaco negro, origen de todas las variedades de tabaco..